Sinopsis Un horizonte amarillo en los ojos nos presenta un mundo con referencias contemporáneas, pero donde los hombres se han visto obligados a deambular sin lugar fijo, llevando su tierra a cuestas. En escena encontramos a un solo personaje, un hombre adulto, que le habla a un chico con el que acaba de encontrarse. El protagonista irá, poco a poco, mostrándole a ese muchacho, a quien nunca vemos ni escuchamos, sus ilusiones y sus miedos, sus culpas, sus recuerdos. Su monólogo/diálogo nos muestra la complejidad de aquellos que deben sobrevivir en un mundo hostil y vacío.
Apuntes Un horizonte amarillo en los ojos, de Gracia Morales, nos enfrenta a la voz única de un hombre, que le habla a un muchacho a quien nunca vemos ni escuchamos. Ese hombre vive en un mundo doloroso, violento, donde todos están condenados a vagar con su tierra a cuestas. Se trata de una sociedad desmembrada, donde la guerra, el exilio, la pobreza o el miedo han obligado a que cada quien sobreviva, arrastrando consigo sus pertenencias, sin poder arraigarse en ningún lugar propio. La puesta en escena dota de una entidad física, concreta, a esa voz del texto. La intención de Antonio Hernández Centeno (director) y Carlos Gil Company (actor) ha sido acercar esta historia al público actual, dándole a todo el montaje una estética contemporánea. Aunque el texto tiene un alto contenido poético, el esfuerzo ha conosistido en cotidianizar su discurso, en llenarlo de sentido y de realismo. Además, tanto la escenografía como el vestuario (encargados a Mariona Julbe) pretenden reflejar un ámbito cruel, desnudo; se trata de un espacio y de una vestimenta donde el espectador podrá reconocerse, pero donde todo está gastado, casi destruido, mezclado de una forma caótica e inquietante. De este modo, se hace hincapié en la que es una de las propuestas básicas del montaje: reflejar un mundo moderno, pero donde el ser humano ha tenido que volver a lo primitivo; si los objetos son contemporáneos, su uso, en cambio, nos remite a una sociedad arcaica, básica. Otra de las más ambiciosas apuestas de este espectáculo es la aparición, en determinados momentos, de secuencias de imágenes que se proyectan sobre el fondo del escenario. Estas imágenes, grabadas por John Dickie, abren la perspectiva del texto, al mostrarnos el interior del personaje o la sociedad en la que vive. Nos parece muy importante esta nueva perspectiva, pues consigue aportarle al espectador referencias visuales concretas que, o bien le ayudan a perfilar el mundo que retrata el texto, o bien le añaden nuevas significaciones. Por último, la música compuesta por Mar Barea y Jaime Serradilla y la iluminación de Fernando Martínez Vidal también crean un determinado ambiente que rodea en todo momento al personaje, reflejando su ternura a veces, su crueldad en otras. Todos los lenguajes que se han puesto en conjunción para elaborar este espectáculo tienen determinados factores en común que le aportan su coherencia: la conciencia de estar creando un mundo inexistente y metafórico, pero utilizando para ello nuestra realidad, la que el espectador es capaz de reconocer; el intento por hacer ver lo amable y lo dañino de este personaje y de su historia, que es finalmente un reflejo de la parte bondadosa y la parte cruel de todo ser humano; la necesidad de utilizar cada uno su propio lenguaje con la intención de remover al espectador, de in-quietarle, de despertarle una conciencia crítica que le provoque seguir cuestionándose, después de dejar el teatro, lo que ha visto.
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