Academia

© Gracia Morales. Noviembre de 1999.

(La acción se sitúa en la acera de una avenida de una ciudad moderna cualquiera. En la madrugada. De vez en cuando, se escuchan sonidos de ambulancias que pasan, coches que frenan, botellas que se rompen... Algunas luces de farolas iluminan la calle. En el lateral izquierdo hay una cabina de teléfonos y en el otro un cajero de la Argentaria. También aparecen algunos árboles firmemente verticales.
Al ir creciendo la luminosidad, descubrimos en escena a un hombre y una mujer, elegantemente vestidos. Él (TULIO.) está agachado, al pie de uno de los árboles -situado en el centro-, removiendo la tierra donde éste se encuentra plantado, mientras ella (SARA.) de pie, se pasea por la escena, mirando a un lado y otro, a la vez que se lima las uñas.)

SARA: ¿Estás seguro de que lo escondiste ahí?
TULIO: Sí.
SARA: ¿Muy hondo?
TULIO: Claro... No querrías que lo dejara medio a la vista...
SARA: Con la cabeza que tienes últimamente...
TULIO: para que cualquiera lo encontrara...
SARA: no me extrañaría que lo hubieras enterrado en otro sitio.
TULIO: y bastante nos costó conseguirlo como para que nos lo quitaran.
SARA: ¿Cómo era?
TULIO: Pues normal, ¡cómo iba a ser!... Podrías ayudarme...
SARA: Estoy vigilando. Además, me estropearía las uñas. De tamaño digo... Que cómo era de tamaño... ¿Pequeño?
TULIO: Normal... ¿Y qué le pasa a mi cabeza?
SARA: ¿Tu cabeza...? Estás medio calvo.
TULIO: Eso ya lo sé... Pero, ¿a que me da un aspecto más interesante? (Saca un zapato de entre la tierra.)
SARA: ¿Ya?
TULIO: No... Mira... La gente pierde todo tipo de cosas... Por ahí debe ir alguien medio descalzo...
SARA: Ese zapato no nos sirve para nada... Llevas ya media hora, ahí... ¿Tan pequeño es?
TULIO (Se guarda el zapato en un bolsillo y sigue desenterrando.): Ya te he dicho que es normal.
SARA: ¿Y cuánto es normal?
TULIO (Señala con las manos el tamaño aproximado de una pelota de rugby.): Así, creo...
SARA: ¿No lo habrá cogido alguien? O a lo mejor ni siquiera lo dejaste ahí... Últimamente tu cabeza...
TULIO: Mi cabeza funciona perfectamente, que lo sepas. La calvicie no tiene nada que ver con la memoria. Eres tú la que está continuamente olvidando cosas. Ayer por ejemplo...
SARA: ¿Se lo dijiste a alguien?
TULIO: ¿El qué?
SARA: Que lo habías escondido ahí.
TULIO: No. A nadie.
SARA: Ayer, ¿qué?
TULIO: ¿Que ayer qué qué?
SARA: ¿Qué pasó ayer?
TULIO: ¡Ah, ayer! No te acordaste de felicitar a Mari Carmen.
SARA: ¿A Mari Carmen?
TULIO: ¿Ves? Ni siquiera sabes de lo que te hablo. Y luego dices que es mi cabeza la que...
SARA: ¡A Mari Carmen! ¡Claro que me acuerdo!
TULIO: Mentirosa... ¡A ver, demuéstralo! ¡Venga! ¿Por qué tenías que haberla felicitado?
SARA: Yo no tengo que demostrarte nada, ¿te enteras? Y vete dando prisa que nos van a dar aquí las tantas.
TULIO: No quieres reconocerlo... Porque eres una orgullosa y una cabezona y... y... y... una orgullosa.
SARA: Eso ya lo has dicho...
TULIO: Porque lo eres. ¡Orgullosa!
SARA: ¿Quieres dejar de insultarme y terminar eso de una puñetera vez? Va a pasar alguien y no nos va a dar tiempo...
TULIO: Para eso estás tú ahí, ¿no? Para avisarme... (Saca de entre la tierra un despertador.) ¡Mira!
SARA: ¿Funciona?
TULIO (Se lo acerca a la oreja, agitándolo.): Parece que sí...
SARA: ¿Qué hora tiene?
TULIO: Las tres menos cuarto.
SARA: Puede ser que vaya bien...
TULIO: Alguien debe estar por ahí dormido y llegando tarde a todos sitios. ¿Lo guardamos?
SARA: ¿Para qué?
TULIO: Podemos necesitarlo.
SARA: Se lo podemos regalar a Mari Carmen.
TULIO: ¿Por qué?
SARA: Pues por lo de... lo de su...
TULIO: ¿Un despertador? ¿Cómo le vamos a regalar un despertador? ¿Ves como eres tú la que no furula muy bien?
SARA: Me importa una mierda tu opinión, ¿te enteras? Estoy hasta el coño de oírte... ¡Acaba de una vez, joder!
TULIO: La señorita está perdiendo los papeles.
SARA: Eres tú quien me desespera y me hace decir... palabras obscenas... Seguro que se lo dijiste a alguien y se lo han llevado.
TULIO: Que no...
SARA: Eres un confiado... y no sabes tener un secreto... ¿Lo envolviste en plástico?
TULIO: En papel.
SARA: ¿En papel? ¿Has dicho en papel?
TULIO: Sí...
SARA: ¿No te he dicho ya mil veces que es mejor el plástico...?
TULIO: ¡No tenía ninguna bolsa a mano! Y no había tiempo para ponerse a buscar...
SARA: Pues con la lluvia de estos días... ¡Eres un desastre!
TULIO: ¡Y por qué no lo hiciste tú si tan lista eres!
SARA: ¡Porque esa es tu obligación!
TULIO: ¡Mi obligación! ¡Mi obligación! ¡Vamos a tener que discutir seriamente el reparto de nuestras...!
SARA: ¡Déjalo ya!
TULIO: ¡Cómo que lo deje! ¡No me da la gana!
SARA: ¡Que lo dejes!
TULIO: ¡He dicho que no! ¡Tenemos que aclarar esto!
SARA: ¡Que dejes eso! ¡El agujero! ¡Que viene alguien!
TULIO (Asustado.): ¿Alguien?
SARA (Idem.): Sí, por allí (Señala hacia el lateral izquierdo.) Date prisa. (Le ayuda a dejar la tierra como al principio.) ¡Rápido!
TULIO: Sí, sí... Vamos allí.

(Recogen el despertador y se dirigen hacia la pared del edificio de la Argentaria. Por la izquierda entra una chica joven, vestida de HADA MADRINA. Lleva un enorme bolso negro en una mano y una varita mágica en la otra. Se acerca hasta la cabina. Se detiene ante ella, rebusca en el bolso, hasta sacar un monedero de donde extrae una tarjeta. La introduce en el aparato y marca. Se queda un momento a la espera. Después cuelga. Se queda un momento indecisa. Luego repite otra vez la operación.

Mientras tanto en el otro lado del escenario, vemos a TULIO y SARA, gesticulando sin hablar. Desde que han visto llegar a la chica, y como si cumplieran con un ritual acostumbrado, se han puesto a jugar a "piedra, papel, tijera". La primera vez pierde TULIO, la segunda SARA, la tercera otra vez SARA. TULIO entonces le hace un gesto de que vaya hacia la muchacha y finalmente ésta obedece con fastidio. Una vez que la ve alejarse, él saca del bolsillo el zapato, para buscar dentro una tarjeta de crédito; la encuentra y la utiliza para entrar en el habitáculo de la Argentaria, llevando consigo el despertador y el zapato. Se intuye su figura gateando por el suelo en el interior.

SARA llega hasta la muchacha y se coloca detrás. La otra, que permanece de espaldas sin haberla visto, sigue marcando al teléfono, cuelga violentamente profiriendo una maldición en voz alta.)

HADA MADRINA: ¡Maldita sea! (Se pone a golpear con rabia la cabina.)
SARA (Cansinamente.): ¿Podrías darle una limosna a una pobre mujer que no tiene para comer?
HADA MADRINA (Se vuelve sorprendida al oír la voz de SARA detrás y la observa un momento.): No llevo nada suelto.
SARA: ¿Y cómo estás telefoneando entonces?
HADA MADRINA: Uso tarjeta.
SARA: Pero seguro que tienes por ahí algunas monedillas...
HADA MADRINA: Ya le he dicho que no.
SARA: Me conformo con unos durillos...
HADA MADRINA (Se vuelve de nuevo hacia el teléfono.): ¡No insista! ¡No estoy de humor para obras de caridad!
SARA: Mujer, es por una buena causa.
HADA MADRINA (Mostrándole el auricular.): ¿Quiere que llame a la policía?
SARA: No merece la pena. Ellos nunca dan nada. Se lo digo yo que alguna vez he intentado...
HADA MADRINA: ¡Para que la arresten! ¡No para que le den limosna!
SARA: ¿Arrestarme? ¿Por qué iban a...? Yo sólo te estoy pidiendo... No te estoy atracando ni nada de eso, ¿verdad? Una tiene derecho a hablar y a solicitar, ¿o no?
HADA MADRINA: ¡Pero yo también tengo derecho a que me deje en paz!
SARA: Bueno, de acuerdo. ¿Y un cigarro?
HADA MADRINA: ¿Qué?
SARA: Que si podías darme un cigarro.
HADA MADRINA (Molesta, abre el bolso, rebusca en él, saca un paquete de cigarrillos y le da uno.): Tome. ¡Y váyase ya!
SARA: Gracias...

(SARA vuelve de nuevo hacia la puerta del cajero, con el mismo paso lento con el que llegó. La chica, finalmente, sin llegar a marcar, cuelga el auricular visiblemente enfadada y sale por donde entró.).

SARA (Al ver que la otra se ha ido, golpea en la puerta del cajero.): ¡Tulio! ¡Tulio! ¡Sal ya!
TULIO (Desde dentro.): ¿Se ha ido ya?
SARA: Sí.
TULIO: ¿Qué?
SARA: ¡Que se ha ido ya!
TULIO : De acuerdo. Ahora mismo salgo, estoy acabando.
SARA: Oye, ¿qué has hecho con nuestra pesca?
TULIO: ¿Qué?
SARA: Eso que has sacado. El zapato y el despertador... Estoy pensando que deberíamos poner un anuncio en la prensa diciendo que los hemos encontrado, para que sus dueños vengan a recogerlos, ¿no te parece? Me da lástima pensar que haya alguien por ahí descalzo, pinchándose con los cristales del suelo y todo eso... ¿No te parece? Les podíamos pedir una compensación.
TULIO (Saliendo.): No te he escuchado nada...
SARA: Da igual.
TULIO: ¿Qué has conseguido?

(SARA le muestra con cierta timidez el cigarro.)

TULIO: ¿Un cigarro? ¿Un cigarro?
SARA: Sí...
TULIO: ¿Cómo se te ocurre?
SARA: Pues...
TULIO: Fuiste tú la que te empeñaste en que dejáramos de fumar y ahora...
SARA: Pero...
TULIO: Te pasaste dos semanas repitiéndome lo de que si la tos por la mañana...
SARA: Ya...
TULIO: lo del aliento...
SARA: Lo sé...
TULIO: lo de los ronquidos...
SARA: Es que...
TULIO: lo de las estadísticas de cáncer de pulmón que habías leído en aquella revista...
SARA: ¿Y quién te ha dicho que nos lo vamos a fumar?
TULIO: Entonces, ¿para qué...?
SARA: Mi orgullo.
TULIO: ¿Tu qué?
SARA: Mi orgullo. Yo soy una profesional, ¿sabes? Y me lo tomo en serio. Si no es dinero..., pues un cigarro, pero que por mí no quede, ¿entendido? Ahora se lo regalamos a Alberto y ya está...
TULIO: ¡Ah! ¡Alberto sí! Menuda amiga estás hecha... Para él no es perjudicial, ¿no?
SARA (Visiblemente enfadada, destroza el cigarro con la mano, tirando al suelo hecho una pelotita y lo pisotea.): Mira, ¿estás contento? Un problema menos... Ahora vamos a seguir desenterrando.
TULIO (Como un niño enfurruñado, mirando hacia donde ha quedado aplastado el pitillo.): ¡Pues no! ¡No estoy contento! Porque por uno..., tampoco iba a pasar nada, y al verlo me había vuelto el gusanillo...
SARA (Mimosa.): Pero, hombre, si estás mucho mejor así. Desde que dejaste el tabaco tienes un aspecto más... más... más... ¡saludable!
TULIO: Eso lo dices para consolarme...
SARA: No, de verdad. Hasta tienes más pelo ahora.
TULIO: ¿En serio?
SARA: Completamente. Oye, ¿y no lo enterrarías en aquel árbol? (Señala a otro distinto al de la anterior escena.)
TULIO: No. Era en aquél. (Refiriéndose al de antes.)
SARA (Más mimosa.): ¿Y por qué no miras en ése? Anda, hazlo por mí... No tienes nada que perder...
TULIO: Bueno. Pero yo estoy seguro de que no es ahí. (Se dirige al que le ha señalado ella.) ¡Seguro, sí señor! Seguro... O casi seguro. Vaya, que creo que estoy seguro. (Se pone a cavar con las manos en la tierra.) Tú vigila, ¿eh?
SARA: Sí.
TULIO: ¿Ves como no está?
SARA: Sigue... (Se pone a mirar a un lado y otro.)
TULIO: Que no, mujer... Que yo creo..., aseguraría que..., pero claro ya me estás liando... Porque, con tanto lío, a lo mejor... y lo del cigarro encima... (Saca un paquete, envuelto en papeles y se queda silencioso mirándolo. SARA todavía no se ha dado cuenta.) Pues sí. ¡Aquí está! ¿No te lo dije? ¡Aquí!
SARA (Se acerca a él, triunfante.): ¡Llevaba yo razón!
TULIO: ¿Tú? ¿Como que tú? Si tu querías que mirara... en otro... ¡pero bueno! ¿Esta es tu obligación o la mía? La mía, ¿verdad? ¡Pues no te metas!
SARA: Ya te dije que tu cabeza...
TULIO: ¡Mi cabeza está perfectamente!
SARA: ¿Se ha mojado?
TULIO: No mucho...

(Se van al centro del escenario, sentándose muy juntos a desliar el paquete. Cuando por fin le quitan los papeles vemos que es un trozo de pan.)

SARA: ¿Blanco?
TULIO: Blanco.
SARA: Yo te dije que lo prefería integral.
TULIO: Pues este es que hay...
SARA: Pero te dije...
TULIO: ¡Como estáis las mujeres hoy día con lo de las dietas! ¿No te das cuenta que a mí me gustas así?
SARA: No es por eso... Es que el integral... es más digestivo. ¿No recuerdas la revista?
TULIO: ¡Cómo iba a olvidarla! Me leíste el artículo ese al menos siete veces...
SARA: Como tú nunca tienes curiosidad por nada.... Eres intelectualmente nulo...
TULIO: Bueno, ¿lo repartimos ya o qué?
SARA:... tan pasivo, tan desinteresado...
TULIO (Intenta dividirlo en dos partes iguales, pero está muy duro.): Una mitad para mí y la otra...
SARA: ¡Yo lo quería integral!
TULIO: ¡Eres una caprichosa! ¡Me tienes harto con tus manías!
SARA (Llorosa.): Es que... es que... sabes que tengo problemas... Ya llevo cinco días...
TULIO (Sorprendido al ver la respuesta de SARA.): Cinco días, ¿de qué...?
SARA: Cinco días... Claro como tú no tienes esa sensación tan desagradable... Pues no lo entiendes... Tú como eres tan... ligerito...
TULIO: ¿De qué hablas?
SARA (Irrumpiendo en llanto.): De mi estreñimiento...
TULIO: ¿Cinco días?
SARA: Sí...
TULIO: Eso es mucho...
SARA: Ya...
TULIO: Calculando que llevamos dos días sin comer...
SARA (Entre hipos.): Y yo necesito fibra...
TULIO (Consolándola.): Venga, no te pongas así. La próxima vez, será integral. Ya lo verás...
SARA: ¿Tú crees que debería ir a algún especialista?
TULIO: Pues no sé... Ya sabes que yo para esas cosas...
SARA: No me gustaría que tuvieran que hacerme algo extraño para vaciarme...
TULIO: ¿Te notas muy llena?
SARA: No mucho, la verdad... Pero no debe ser bueno. Cinco días...
TULIO: Tienes que tener dentro todavía el chorizo del sábado.
SARA: Imagino...
TULIO: Bueno, seguro que mañana lo consigues... Si te concentras...
SARA: Eso intento...
TULIO: Mañana sí. Ya lo verás... No debes agobiarte, porque si no es peor... Toma. (Le da un trozo de pan.) Yo me quedo con la punta, que tengo los dientes más fuertes, ¿vale?
SARA (Más tranquila.): Vale...

(Cuando TULIO se dispone a dar el primero bocado, SARA le quita el pan de las manos violentamente.)

TULIO: ¿Qué pasa?
SARA: ¿Que qué pasa? ¿Dónde están tus modales en la mesa?
TULIO: ¿Mis qué?
SARA: ¡Tus modales! ¡A ver, límpiate esas manos!

(TULIO a regañadientes, restriega sus manos en el pantalón. Luego se las muestra.)

SARA: Así está mejor... (Coge dos papeles de los habían envuelto el pan, los extiende y luego le da uno.) Toma.
TULIO: ¿Para qué?
SARA (Coloca el suyo como si fuera una servilleta sobre su falda.): Para que no te manches, para que va a ser. (TULIO hace lo mismo. Cuando se dispone a dar el primer mordisco, ella lo vuelve a interrumpir.) ¡Espera! ¿Ves como tengo yo razón? Te comportas como un animal...
TULIO: ¿Qué ocurre ahora?
SARA: ¿Cómo que qué ocurre? ¿No te has olvidado de algo?
TULIO (Con fastidio.): Tú dirás...
SARA: ¿Acaso no somos una pareja civilizada, con unas firmes creencias religiosas?
TULIO: ¿Lo somos?
SARA: Sí.
TULIO: ¿Y?
SARA: Que hemos de bendecir nuestra comida...
TULIO: ¿Cómo?
SARA: Sí... Bendecirla.
TULIO: ¿Desde cuándo se te ocurre...?
SARA: Desde que leí en una encuesta que sólo un tres por ciento de la población española cumple debidamente con sus deberes cristianos... Nosotros hemos de ser un ejemplo... Así que, ¡venga!, ¡empieza tú!
TULIO: Pero, ¿cómo?
SARA: Repite conmigo: Gracias, Señor...
TULIO: Gracias, Señor...
SARA: por estos alimentos...
TULIO: por este alimentito...
SARA (Molesta.): Sin ironías que con Dios no se bromea... Que vamos a recibir...
TULIO: SinironiasqueconDiosnosebromeaquevamosarecibir.
SARA (Le pega un coscorrón.): Amén.
TULIO: ¡Joder...! Amén. ¿Ya?
SARA: Ya.

(Se ponen a comer el pan, mordiendo con dificultad. Ella lo mastica despacio, con cuidado de no dejar caer ninguna miga. Mientras tanto mira distraídamente hacia el papel que se ha colocado sobre la falda.)

SARA: ¡Anda! (Se levanta rápidamente. llevando el papel en la mano y se acerca a la farola para poder leer con la luz.)
TULIO (Sin dejar de tragar.): ¿Qué pasa?
SARA: ¡Esta hoja! ¿Cuándo lo conseguiste?
TULIO: Pues no sé...
SARA: Haz memoria... (Dándole vueltas al papel.) Por aquí debe estar la fecha...
TULIO: Tú y tus papeles...
SARA: ¿Cuándo lo enterraste?
TULIO: Pues... Hace una semana... Creo...
SARA: ¿Una semana?
TULIO (Más interesado.): Sí. ¿Qué ocurre?
SARA: ¿Estás seguro?
TULIO (Se acaba el pan y se dispone a levantarse.): ¿Qué tiene el papel ese?
SARA: ¡Aquí está! El 3 de junio...
TULIO (Se acerca a ella, ya francamente intrigado.): Pero, ¿quieres decirme de qué se...?
SARA: Y se acaba el 28... Nos quedan... catorce días...
TULIO: ¿Para qué? (Le quita el papel de las manos.) ¿Qué es esto?
SARA (Muy ilusionada.): ¡El catálogo de las ofertas del Alcampo! Mira, mira aquí. (Le señala una esquina del papel.)
TULIO: Ya veo... ¿Y?
SARA (Toma de nuevo el folleto.): ¡La batidora!
TULIO: ¿La batidora?
SARA: ¡¡La batidora!!
TULIO: ¿Qué batidora?
SARA: ¡¡¡La batidora!!! ¡Esta! Mira, en oferta... Sólo por dos mil novecientas noventa y cinco... ¿No te parece un precio estupendo?
TULIO: Pues...
SARA: Dos velocidades. Doscientos cincuenta vatios de potencia. Desmontable.
TULIO: ¿Cuánto has dicho?
SARA: Doscientos cincuenta.
TULIO: ¿Pesetas?
SARA: No, hombre, vatios.
TULIO: ¿Y eso es mucho?
SARA: ¡Claro!
TULIO: ¿Y pesetas?
SARA: Una ganga.
TULIO: ¿Cuánto?
SARA: "La ayuda que usted estaba necesitando en su cocina."
TULIO (Volviendo al lugar de antes.): ¡Bah, no nos interesa!
SARA: ¡Y en varios colores!
TULIO: ¿Funciona a pilas?
SARA: No sé... Creo que no...
TULIO: ¿Y dónde íbamos a enchufarla?
SARA: Pues... ¡Siempre estás poniendo inconvenientes! (Se acerca a él.) Eres más negativo. ¿No te das cuenta la de salsas que podríamos hacer? ¿Eh? Mayonesa, salsa rosa, muselina...
TULIO: ¿Y batidos...?
SARA: Claro... Batidos... Es lo que estamos necesitando.
TULIO: ¿Y monta la nata?
SARA: Seguro que sí... Seguro... Y también podríamos hacer crema de verduras...
TULIO: Crema...
SARA: Son buenísimas... Muy digestivas... Favorecen el tránsito intestinal...
TULIO: Ya, pero...
SARA: ¡No se hable más! Tenemos que comprar una. ¡A ver!, ¿cuánto tienes por ahí?
TULIO (No muy convencido.): ¿Cuánto qué?
SARA: ¿Cuánto dinero?
TULIO: Pues...
SARA: ¡Venga! ¿Es que no te preocupa mi salud? (Se acerca a él y le mete las manos en los bolsillos.)
TULIO (Sin mostrar mucha resistencia.): Pero, a lo mejor deberíamos esperar...
SARA (Saca algunas monedas.): ¿Esperar? ¿A qué? ¿A que se acabe la oferta? (También rebusca ella en su ropa y extrae alguna chatarra más. Contando.) Cien, ciento diez, ¿y veinticinco?
TULIO: Ciento... treinta y cinco.
SARA: ¿Y doscientas más? Trescientas treinta y cinco...
TULIO: Nos falta un montón.
SARA: Pues ahorraremos... ¿Seguro que no te has quedado nada por ahí?
TULIO: No...
SARA: No me mientas, Tulio. Mira que te registro entero...
TULIO: Bueno... A lo mejor, aquí... (Se quita un zapato y saca un billete muy liadito.)
SARA: ¡Mil pesetas! ¿De dónde...?
TULIO: ¡Ya te las he dado, ¿no?!
SARA: A saber cómo las habrás conseguido...
TULIO: ¿Quieres la batidora o no? Pues no protestes...
SARA: Ahora liamos todo esto y lo enterramos...
TULIO: No hace falta. Yo lo guardo.
SARA: ¡Sí hace falta!
TULIO: ¿No te fías de mí? (SARA se queda callada.) ¿No te fías de mí? (Indignado.) Di... ¿Cuándo me he quedado yo con...?
SARA: Te conozco, Tulio... ¡Te lo gastarías con la Marcela...!
TULIO (Nervioso.): ¿Con la...? ¿Pero de qué hablas, mujer?
SARA (Enrabiada.): ¿Que de qué hablo? ¿Tú te crees que soy tonta? ¿O que me chupo el dedo? ¿O que me caí ayer del árbol? ¿O que estoy en babia?
TULIO: Tranquila... Yo...
SARA: Tú, tú, tú... Tú le das veinte duros a la... a la... desvergonzada esa con tal de que te deje tocarle las... (Se agarra los pechos.). Eso es lo que haces tú...
TULIO (Con dignidad.): No digas tonterías... Yo nunca le pagaría a una mujer para...
SARA: ¡Ah! ¡Y sin pagarle sí, ¿verdad?!
TULIO: Yo no he dicho eso...
SARA: ¿Cómo que no? Claro que lo has dicho... La Marcela esa, tan pintarrajeada siempre..., sin educación ninguna...
TULIO: Vale, lo enterramos. Si eso es lo que quieres...
SARA: Vais detrás de ella como perros... como perros detrás de una hembra en celo... Y ella se aprovecha...
TULIO: ¿En qué árbol prefieres?
SARA: ¡Digo si se aprovecha! Pues que sepas que a mí también me han ofrecido...
TULIO: ¿Qué?
SARA: Nada...
TULIO: ¿Cómo que nada? ¿Qué te han ofrecido?
SARA (Señalando un árbol.): Yo creo que el mejor es aquel.
TULIO: ¿Quién te han ofrecido qué?
SARA: Lo entierras bien hondo.
TULIO: ¡Sara!, que no me entere yo... ¡Que no me entere yo!
SARA: Mientras voy a ver cómo has dejado eso... (Se dirige hacia el cajero.)
TULIO: ¿Me has oído? No voy a permitir... ¡Eres mi mujer! ¿Estamos?
SARA: Claro... (Entra en el cajero.)
TULIO (Va hacia el árbol indicado y se pone a hacer un agujero.): Aunque no estemos casados, me debes un respeto... (Hacia el lugar donde se la intuye a ella.) ¡Un respeto! Jamás consentiría que mi mujer... Porque la Marcela esa... da pena, eso es lo que da, ¡pena! Que la pobre casi no sabe ni leer... Y para que te enteres, a mí ni siquiera me gustan sus... ¡No me gustan, ¿me oyes?! Pues eso... Para que te enteres... (Saca de entre la tierra una calavera. La sostiene en las manos, mirándola fijamente durante un momento. Después sufre una especie de transformación, tomando una pose de estar meditabundo.) To be or not be that is the question. (Asustado, se toca los labios.) ¿Quién ha dicho eso? ¿Quién ha dicho eso? (De nuevo reflexivo.) Whether 'tis nobler in the mind to suffer the slings and arrows of outrageous fortune (Volviendo a ser él.) Pero, ¿qué estoy hablando? ¡Sara! (Otra vez transformado.) or to take arms against a sea of troubles and by opposing end them? To die, to sleep no more; and by a sleep to say (Con su voz.) ¡Sara! ¡Por Dios, sal ya! ¡Sara! (Como el otro.) we end the heartache
SARA (Saliendo del cajero.): ¡Deja de gritar, que vas a despertar a todo el mundo!
TULIO (Continúa con su monólogo, como si no la viera.): and the thousand natural shocks that flesh in heir to'tis a consummation devoutly to be wished.
SARA: ¿Cómo? Pero, ¿qué bicho te ha picado?
TULIO (Idem.): To die, to sleep, to sleep perchance to dream. (Mirándola, angustiado.) No lo sé... He sacado eso de ahí y... (De nuevo el otro.) Ay, there's the rub. For in that sleep of death what dreams may come when we have shuffled off this mortal coil must give us pause.
SARA: Deja de hablar así, que me estás asustando.
TULIO: (Como Tulio.) No puedo. (Como el otro.) There's the respect that makes calamity of so long life. (Como Tulio.) ¡Ayúdame!
SARA: ¡Suéltalo!
TULIO: (Como el otro.) For who would bear the wihps and scorns of time, (Como Tulio.) ¿El qué? (Como el otro.) th'oprressor's wrong, the proud man's contumely,
SARA: ¡El hueso ese! Tíralo.
TULIO: the pangs of disprized love, the law's delay, the insolence of office, and the spurns that patient merit of th'unworthy takes, (Como Tulio.) ¡Lo tengo pegado a la...! (Como el otro.) when he himself might his quietus make with a bare bodkin? (Como Tulio.) ¡Por Dios, Sara!
SARA (Se dirige a él y le quita la calavera. Al tomarla en sus manos, sufre la misma transformación que él antes.): Who would these fardels bear, to grunt and sweat under a weary life,
TULIO: ¡La hostia! A ti también te pasa...
SARA: but that the dread of something (Como Sara.) ¡Tulio...! (Como el otro.) after death the undiscovered country, from whose bourn no traveller returns (Como Sara.) ¡Haz algo, joder, que esta no soy yo! (Como el otro.) puzzles the will, and makes us rather bear those ills we have than fly to others that we know not of?

(TULIO por fin se decide y le arranca a SARA la calavera de las manos, arrojándola rápidamente al suelo. Con la respiración alterada, se quedan mirándola mientras hablan.)

SARA: Gracias a Dios... ¿Qué nos pasaba?
TULIO: No sé... Era muy raro...
SARA: Como si hablara otra persona...
TULIO: ¿Tú entendías lo que decías?
SARA: Yo no... ¿Dónde la has encontrado?
TULIO (Señala el árbol.): Entre la tierra...
SARA: ¡Me están dando escalofríos!
TULIO: ¿Cómo habrá llegado una calavera hasta ahí?
SARA (Va hacia el centro del escenario y allí se tumba boca arriba.): Prefiero no pensarlo...... ¿Has guardado ya el dinero?
TULIO (Sigue observando la calavera en el suelo.): ¿Dónde se habrá metido el resto de la persona?
SARA (En voz más alta.): ¿Bien hondo?
TULIO: ¿A quién se le habrá ocurrido dejarla en ese sitio?
SARA (Casi gritando.): ¿Bien hondo?
TULIO: ¿Tu crees que alguien podrá ir por ahí sin cabeza?
SARA (A voces.): ¡¿No lo habrás dejado en la superficie, verdad?!
TULIO: ¡¿Qué dices?!
SARA: ¡Que no grites!
TULIO: ¡Vale!

(Permanecen callados durante un momento: mientras ella está tendida con los ojos abiertos, él vuelve hacia el árbol y termina de enterrar el paquetito.)

SARA: ¿Por qué no vienes?
TULIO: ¿Adónde?
SARA: Aquí, a mi lado...
TULIO: Ya acabo.

(TULIO aplasta la tierra bien y se acerca.)

SARA: ¡Qué mal habías dejado eso!
TULIO: ¿El qué?
SARA: La cama...Nunca aprenderás a hacerla bien. Ya sabes que como haya una sola arruguita, no logro conciliar el sueño.
TULIO: Es que no me gustan las Argentarias. Son estrechas...
SARA: Esta semana tenemos que quedarnos aquí.
TULIO (Se tumba a su lado, con la cabeza hacia el otro lado.): Prefiero el Banco Atlántico... O la Rural... Sobre todo el de la Gran Vía... Tiene hasta cámara.
SARA: ¡Eres peor que un niño!
TULIO: ¿Cuándo nos toca allí?
SARA: ¿En dónde?
TULIO: En la Rural de Gran Vía...
SARA: No sé. Por ahí tengo el calendario...
TULIO: Tú y tus reparticiones...
SARA: ¡A la mayoría le pareció buena idea!
TULIO: Es que cuando te empeñas en una cosa...
SARA: ¡Oye, que era por el bien de todos...! Al menos ahora nunca coincidimos ¿Te acuerdas aquella vez que nos tiramos tres horas buscando uno vacío? ¡Así cada uno tiene claro dónde debe ir!
TULIO: Pero los de Argentaria...
SARA: ¡Te fastidias!
TULIO: ¿Ves como no se puede discutir contigo?

(Enfadado, se da la vuelta y le da la espalda a SARA, quien permanece mirando al cielo. Quedan en silencio durante un momento.)

SARA: Tulio... (Silencio.) Tulio... (Silencio.) Venga, hombre, no seas así... Si es sólo una semanita... El lunes que viene nos corresponde uno del Atlántico... (Silencio.) Tulio... (Silencio.) (Cantarina.) Veo, veo... (Silencio.) ¡Vamos! No seas rencoroso... Veo, veo...
TULIO (Con desgana.): ¿Qué ves?
SARA: Una cosita.
TULIO: ¿Y qué cosita es?
SARA: Empieza por... la ele.
TULIO: ¿Ele...? Una losa.
SARA: No.
TULIO: Un liquen.
SARA: No.
TULIO: Un letrero.
SARA: No.
TULIO (Cada vez más rápido.): Una luciérnaga.
SARA (Idem.): No.
TULIO: Un loro.
SARA: No.
TULIO: Una lupa.
SARA: No.
TULIO: Un libro.
SARA: No.
TULIO: Una lengua.
SARA: No.
TULIO: Un loco.
SARA: No.
TULIO: Una lágrima.
SARA: No.
TULIO: Un libidinoso labriego limándose los labios.
SARA: No.
TULIO: Una lujuriosa lesbiana levantando la liebre.
SARA: No.
TULIO: Un lascivo lugarteniente lanzando limones.
SARA: No.
TULIO: Pues no sé.
SARA: No.
TULIO: No me quedan más palabras.
SARA: No.
TULIO: ¡Me rindo!
SARA: Qué poca imaginación tienes... Prueba otra vez.
TULIO (Despacio.): Una losa.
SARA: No.
TULIO: Un liquen.
SARA: No.
TULIO: Un letrero.
SARA: No.
TULIO: Estoy cansado.
SARA: Es brillante.
TULIO: Un letrero encendido.
SARA: Y redonda.
TULIO: Un letrero encendido y redondo.
SARA: ¡La luna, idiota!
TULIO (Sorprendido.): ¿La luna? ¿Qué luna?
SARA: ¡Pues la luna! ¿Cuál va a ser? La única que hay...
TULIO: ¿Dónde?
SARA (Señalando a un punto en el cielo.): Allí.
TULIO (Se da la vuelta, con interés, tratando de ver donde la señala SARA.): ¿Dónde?
SARA: Allí.
TULIO: No la veo...
SARA: Te tienes que poner como estoy yo.
TULIO (Se mueve arrastrándose, hasta colocar la cabeza a lado de la de ella de manera que siguen tienen los cuerpos separados, cada uno con las piernas hacia un lado.): Que no está...
SARA: Mira...
TULIO: Sólo veo el anuncio de la clínica dental.
SARA: Más arriba... Allí... allí... ¿No ves esa esquinita?
TULIO: ¡Ah! ¡Es verdad...! ¡Qué blanca!
SARA: ¡Y brillante!
TULIO: ¡Y bonita!
SARA: ¡Y bruja!
TULIO (Tras pensar un momento.): Y... ¡bella!
SARA: Y bandida.
TULIO (Después de un esfuerzo.): Y... ¡voladora!
SARA: ¡Eso no!
TULIO: ¿Cómo que no?
SARA: Eso es con uve.
TULIO: ¿Y qué?
SARA: Pues que no vale.
TULIO: ¿Quién lo dice?
SARA: La Real Academia de la Lengua Española.
TULIO: Lo importante es que suena igual...

(Mientras la pareja continúa hablando vuelve a entrar el HADA MADRINA y de nuevo se dirige a la cabina. Busca la tarjeta de teléfono en su bolso, la inserta y se pone a marcar.)

SARA: ¡Pero qué dices! Eres un inculto... ¡Y un terrorista lingüístico!
TULIO: ¿Un terrorista, yo? ¿Un terrorista, yo?
SARA: Eso he dicho.
TULIO: ¿Yo? ¿Yo, que me declaré insumiso...?
SARA: Voladora..., voladora..., si te escuchara algún filólogo.
TULIO: ¿¡Yo, que estoy en contra de cualquier tipo de violencia!? Me desilusionas, Sara. Parece como si no me conocieras. ¿Es que no sabes que soy un practicante convencido de la dialéctica?
SARA: Déjate de monsergas, que quiero mirar la luna en paz.
TULIO: ¿Tengo que recordarte mi repulsión por las armas o por cualquier tipo de instrumento que pretenda coaccionar la libertad de...?
SARA: ¡Que te calles, joder!
TULIO: Vale, vale... Pero ya hablaremos de lo de la batidora, ¿sabes? Que todavía no estoy convencido.

(El HADA MADRINA termina de marcar y se queda esperando. Durante un momento los tres están quietos y en silencio, como si el tiempo se hubiera parado. Después se mueven los tres a la vez y hablan también solapándose las voces.)

SARA (Señalando al cielo.): ¡Una estrella fugaz!
TULIO (Señalando al cielo.): ¡Un murciélago!
HADA MADRINA (Colgando con rabia.): ¡Mierda!

(SARA y TULIO se quedan de nuevo inmóviles y callados, mientras el HADA MADRINA descuelga otra vez y vuelve a marcar. Espera.)

HADA MADRINA: ¿Con quién coño estabas hablando? Llevo una hora tratando de hablar contigo. (Pausa.) ¡No me mientas! Ya sabes que no lo soporto. Estaba comunicando... Comunicando... Pi-pi-pi... ¿Imaginas lo que me desespera escuchar ese pitido...? Pi-pi-pi. Y tú mientras hablando tranquilamente con otra persona sin importarte que aquí haga frío y yo... (Pausa.) Sabes que el teléfono de mi casa está estropeado. Te lo dije ayer... ¿¡Es que nunca me escuchas cuando te hablo!? (Pausa.) No, no te he llamado para discutir. O a lo mejor sí, no sé... Mira, necesito que hablemos. Esto que estás haciendo... creo que al menos deberías... (Pausa larga. El HADA MADRINA se va dejando caer hasta quedar sentada en el suelo. Empieza a llorar sin dejar de sostener el auricular junto al oído.) ¡Cállate! ¡Cállate! (Se mece como una niña.) (Cantando.) El patio de mi casa es particular, cuando llueve se moja como los... ¡Canto! Eso hago cantar. Para dejar de escucharte... Te he llamado yo a ti. Así que escúchame... (Pausa. Deja de llorar.) Preguntarte cosas, eso quiero... Que me respondas, porque no entiendo... No entiendo cómo puedes estar siendo tan cruel... tan jodidamente dura. Antes... antes... demostrabas ternura, y eras dulce... Y ahora parece como si nada que tenga que ver conmigo te afectara... (Pausa.) ¡No! ¡Tengo más cosas que decirte! Muchas más... Fuiste tú quien me buscó, noche tras noche, ¿lo recuerdas?... Me has obligado a romper con todo, hasta con mi familia... (Suplicante.) Ahora no puedes dejarme así... No puedes... Ya no sé cómo se vuelve para atrás. ¡¿Me oyes?!... (Pausa.) (Su tono de voz es ahora amenazante.) ¡No puedes...! Voy a encontrar la manera de demostrarte que no eres tan fuerte como crees... Es esa tu mayor debilidad, que te consideras inmune... Pero yo te voy a enseñar que... ¡Maldita sea! No te acabes ahora, joder. ¿Me oyes? Te voy a demostrar que... (Se pone a golpear el aparato.) ¡Cabina de mierda! ¿¡Crédito cero!? Pero si le quedaba dinero todavía...

(Cuelga violentamente. Saca la tarjeta y la arroja lejos. Con desesperación se pone a dar vueltas alrededor hasta que llega al lugar donde permanecen SARA y TULIO, alelados, mirando al cielo.)

HADA MADRINA (Les habla intentando resultar amable, tratando de contener su rabia y su nerviosismo.): Oigan... ¡Oigan!
TULIO: Veleidosa.
SARA: Benigna.
TULIO: Venerable.
SARA: Breve.
HADA MADRINA: ¿Cómo dicen?
TULIO: Veleidosa.
SARA: Benigna.
TULIO: Venerable.
SARA: Breve.
HADA MADRINA (Inclinándose hacia ellos.): ¿Pueden escucharme?
TULIO: Si las estrellas fugaces concedieran deseos...
SARA: ... o las hadas madrinas...
TULIO: ... pediría que la luna quedara más cerca...
HADA MADRINA (Haciendo gestos para hacerse ver.): ¿Qué les ocurre?
SARA: ... y que no hubiera murciélagos...
TULIO:... y que todos los cajeros tuvieran pantallitas para verse...
HADA MADRINA: ¿Están dormidos?
SARA (Incorporándose.): Claro que no... ¿Podrías darnos una moneda?
TULIO (Ídem.): ¿O un cigarro?
SARA (Dándole un coscorrón a TULIO.): ¡Un cigarro, no! ¡Una moneda!
HADA MADRINA: No, lo siento... Precisamente les quería preguntar si podrían dejarme algo suelto, para la cabina... (Fingiendo una sonrisa.) No quiere admitir mi tarjeta.
SARA: ¿De crédito?
HADA MADRINA: No, de telefónica.
TULIO: Nosotros tenemos una visa.
HADA MADRINA: No saben cuánto me alegro... Pero ahora, ¿me prestarían veinte duros, para la llamada? Es urgente...
TULIO: ¿Cuánto de urgente?
HADA MADRINA: Muy urgente.
SARA: ¿Cómo apagar un incendio?
HADA MADRINA: Más o menos.
TULIO: ¿Cómo incendiar un estanque?
HADA MADRINA: Pues no sé...
SARA: ¿Cómo operar a un enfermo?
TULIO: ¿Cómo enfermar a un cirujano?
HADA MADRINA (Impaciente.): Es muy muy urgente.
SARA: Está bien... Hemos de discutirlo en privado.

(SARA se lleva a TULIO de la mano hacia un lateral y se ponen a cuchichear con las cabezas muy juntas durante unos segundos. Luego regresan sonrientes hacia el HADA MADRINA.)

TULIO: Después de un exhaustivo debate...
SARA: ... hemos determinado...
TULIO: ... que la ayudaremos...
SARA: ... si nos rellena una factura...
TULIO: ... por el dinero prestado.
HADA MADRINA: Hagamos una cosa mejor. Si me dan ¡ya! los veinte duros, les firmo ahora mismo un cheque por mil pesetas, ¿de acuerdo?
TULIO: ¿Un cheque?
SARA (A TULIO.): Nunca hemos tenido uno, ¿verdad? (Al HADA MADRINA.) Está bien... Trato hecho. Ahora póngase de espaldas y tápese los ojos.
TULIO: Mejor la vendamos, ¿no te parece?
HADA MADRINA: ¿Vendarme?
SARA: Tenemos que asegurarnos de que no descubre nuestra caja fuerte.
TULIO (Sacando un enorme pañuelo de su bolsillo.): Será sólo un momento. Quédese quieta. (Se lo pone en los ojos.) ¡Qué bien huele usted!
SARA: Tulio, no te pases...
TULIO: Sólo decía que...
SARA: Ya, como si no te conociera...
HADA MADRINA (A punto de perder la paciencia.): ¿¡Podrían darse prisa!?
TULIO: Sí, claro.

(TULIO se dirige con sigilo hacia el árbol, mientras SARA mira hacia un lado y otro, vigilante. Se mueven como a cámara lenta. Finalmente TULIO desentierra el paquetito, rellena el agujero, se acerca a SARA, se lo muestra y juntos se acercan al HADA MADRINA.)

SARA (Deshace el paquete y saca las monedas y el billete de mil. Imitando a los negociadores del cine negro.): Ya tenemos aquí el dinero, ¿y el cheque?
HADA MADRINA: ¿Cómo dice?
SARA: ¿No pretenderá que se lo demos antes de recibir ese cheque?
HADA MADRINA (Conteniendo su fastidio.): Si no me quitan esto de los ojos...
SARA: Está bien...

(Continúa comportándose como en una película de gánsters. Le hace un gesto a TULIO, chasqueando los dedos. Éste se acerca al HADA MADRINA, la huele con disimulo y después le descubre los ojos.)

SARA (Mostrándole una moneda de cien y sosteniendo en la otra mano el resto del dinero.): Aquí está lo prometido... Ahora queremos ver lo suyo...
HADA MADRINA (Se pone a buscar en el bolso.): Un momento... que...
SARA: Eh... Mucho cuidadito con intentar algún truco... No olvide que Tulio la está vigilando...
TULIO (Sin entender nada.): ¿Yo?
SARA: ¡Pues claro!
HADA MADRINA (Saca un talón de cheques y un bolígrafo.): ¿Dijimos mil, verdad?
SARA: Ese fue el trato...
HADA MADRINA (Justo antes de ponerse a escribir.): Aunque ahora que lo pienso...
SARA: ¿Qué ocurre?
HADA MADRINA (Tratando de tomar el mismo tono que SARA.): ¿Qué les parecería ganar cinco mil pesetas en lugar de mil?
TULIO: ¿Cuánto?
SARA: Tranquilo, Tulio... Tranquilo... ¿Cuánto ha dicho?
HADA MADRINA: Cinco mil.
SARA: ¿A cambio de...?
HADA MADRINA: A cambio de ese billete de mil y de que Tulio haga una llamada telefónica...
TULIO: ¿Yo? ¿A quién?
SARA (A TULIO.): ¡Déjame a mí! (Al HADA MADRINA.) ¿Para qué quiere las mil?
HADA MADRINA: Para un taxi... Pero eso a usted no le importa...
SARA: ¿Y lo del teléfono? ¿Se trata de algún negocio turbio...? ¿Drogas? ¿Tráfico de influencias? ¿Robo? ¿Prevaricación? ¿Alevosía? ¿Insumisión?
HADA MADRINA: Cinco mil pesetas a cambio de ese billete y de que no hagan tantas preguntas...
SARA (Tras pensar un momento.): Está bien.
TULIO: Pero... ¿y si es peligroso?
SARA: ¿Qué tiene que hacer?
HADA MADRINA (Se dirige a la cabina.): Síganme...

(TULIO está un tanto reticente, pero SARA lo empuja hacia allí. Cuando llegan allí, el HADA MADRINA le pide con un gesto a SARA la moneda de cien, y ésta se la da.)

HADA MADRINA (Mientras le habla a TULIO, descuelga el auricular y hace todos los movimientos previos a una llamada: introduce la moneda en la ranura y marca el número.): Sólo tiene que decir cosas... ya sabe, como en las llamadas obscenas...
TULIO (Ofendido.): Yo nunca he hecho llamadas de ese tipo...
SARA: Pues alguna tenía que ser la primera... ¡Venga!
TULIO: Pero no sé si sabré...
HADA MADRINA: Seguro que sí... (Espera un momento más y le pasa el auricular a TULIO.)
TULIO (Tartamudeante.): ¿Oiga?... ¿Oiga?... (Pausa breve. SARA y el HADA MADRINA le hacen gestos de que continúe.) Buenas... digo, no... Que... ¿Lleva usted ropa interior? (Pausa breve. Se vuelve hacia ellas.) Ha colgado...
HADA MADRINA (Enfadada.): ¡Pues, claro! ¡Yo quería que la amenazara, no que le preguntara cortésmente por el estado de sus bragas...!
SARA: ¡Que pruebe otra vez!
HADA MADRINA: No... Me he equivocado... No ha sido una buena idea...
SARA: ¡Él lo puede hacer mejor! ¿Verdad, Tulio?
TULIO: Pues...
SARA: ¡Por cinco mil pesetas! La batidora, Tulio... La batidora...
HADA MADRINA: ¿La qué?
SARA: ¡Hazlo mí!
TULIO: Está bien... Déjeme intentarlo otra vez... Quedan ochenta pesetas...
HADA MADRINA: Está bien... (Vuelve a marcar.) Se llama Rosa. Haga como si la conociera... Como si supiera dónde vive... (Le pasa el teléfono.)
TULIO: Está bien... (Pausa.) ¿Rosa?... No importa quién soy... Lo que importa es que yo sí sé quién eres tú... ¡Y ni se te ocurra colgarme, que me voy a tu casa a buscarte! (Pausa. El HADA MADRINA y SARA le hacen gestos de asentimiento y lo alientan a que siga.) ¿Que cuál es tu dirección?... Pues... ¡Eso no importa! Ya te he dicho que la sé, y es que la sé... ¿No conocía tu nombre?, Rosa... Pues igual conozco tu casa... ¿Verdad que tiene un salón? ¿Y una cocina? ¿Y una batidora? ¿Eh? ¿A que tienes batidora? ¿A que tienes una bañera y agua caliente y espuma? ¿Y a que tienes todo eso y te parece normal? ¿Verdad, señorita Rosa? ¡Señorita de mierda! ¿Has dormido alguna vez en una acera? ¿Eh? ¿Alguna vez te has despertado porque un perro igual de callejero que tú te estuviera lamiendo la cara? ¿O por el frío? ¿Sabes a cuántos grados bajo cero se pone Granada en invierno, hija de puta? ¿O metidita entre tus mantas y tus estufas y tus batidoras y todas esas mierdas nunca te has dado cuenta del puñetero frío que hace en Granada por las noches? (El HADA MADRINA le arranca con violencia el teléfono a TULIO, que sigue gritando.) ¡Porque hace frío! ¡Frío! ¡Hasta que no puedes mover las dedos!
HADA MADRINA (Cuelga.): ¡Ya está bien!
TULIO (A SARA.): ¿Verdad? ¡Díselo tú! ¡Dile como se amoratan las uñas y cómo castañean los dientes! ¡Díselo, joder!
HADA MADRINA: ¡Yo no le dije que la insultara ni nada de eso! ¡Sólo había que asustarla un poco!
SARA (Se acerca a él y lo abraza, maternalmente.): Tranquilízate. Venga, ya pasó... Ya pasó.
TULIO (Dejándose mimar, como un niño.): No podía parar, Sara... No podía parar...
SARA: Está bien...
HADA MADRINA: Ahora estará histérica y no querrá entrar en razón...
SARA: Nos debe usted...
HADA MADRINA: ¡El cheque! Por supuesto..., aunque no han hecho exactamente lo que yo... pero en fin, yo siempre cumplo mis promesas... ¿A qué nombre lo pongo?
SARA: ¿Cómo dice?
HADA MADRINA: ¿Lo prefiere al portador?
SARA: ¿Qué portador?
HADA MADRINA: ¿Cómo se llama usted?
SARA: Sara.
HADA MADRINA (Perdiendo la paciencia.): ¿Sara qué? ¿No ve que necesito rellenar esto? Me tiene usted que decir sus apellidos, los correctos, o si no no le va a servir el carné de identidad para cobrar el...
TULIO: ¿El carné de qué?
HADA MADRINA: ¡El de identidad, joder! Dígame sus apellidos que acabemos de una vez...
TULIO: Díselos, mujer...
SARA: Sara Sánchez Serrano.

TULIO: ¿Qué ha dicho usted de identidad?
HADA MADRINA (Rellena el cheque.): El carné... Lo necesitará para... En fin, como ven, yo nunca falto a mi palabra. Aquí tiene...

(Se lo da. SARA suelta sin brusquedad a TULIO y se acerca bajo la farola para mirarlo bien. Lo pone al trasluz, como si fuera un billete. TULIO mientras tanto, saca el pañuelo, se suena sonoramente la nariz y se acerca a SARA para observar él también el cheque.)

HADA MADRINA: ¿Y las mil pesetas? Tengo prisa...

(Sin dejar de examinar el cheque, SARA le da a TULIO el billete, haciéndole el gesto de que se lo de al HADA MADRINA.)

HADA MADRINA (Lo guarda en una cartera que lleva el bolso.): Muy bien... En fin... (TULIO vuelve a su lugar anterior. Ella va a despedirse, pero al darse de que ambos la ignoran, ensimismados en la visión del papel, desiste de hacerlo. Entonces se pone a mirar a izquierda y derecha, hasta que parece como si descubriera algo.) ¡Taxi! ¡Eh! ¡Taxi! (Echa a correr hacia ese lado y sale.)

TULIO: ¿Es auténtico?
SARA: Parece que sí...
TULIO: Nunca habíamos tenido uno...
SARA: Ya...

(Ambos se tumban boca arriba en el suelo, en la misma posición que estaban antes mirando a la luna, pero ahora toda su atención está centrada en el cheque. SARA lo sostiene en alto, sobre sus cabezas, poniéndolo del as y del revés.)

TULIO: Mira, tu nombre... Queda bonito ahí, con sus eses y todo...
SARA: Sí...
TULIO: Oye..., ¿y qué dijo esa señora de una identidad?
SARA (Sin hacerle mucho caso.): Pues no sé. ¿Cuándo vamos a comprar la batidora?
TULIO: A lo mejor era algo importante...
SARA: ¿El qué?
TULIO: Lo de la identidad... ¿Tú tienes de eso?
SARA: Claro... ¡La quiero azul!
TULIO: ¿Pero se pueden elegir colores?
SARA: Y aprenderemos recetas para las salsas...
TULIO: ¿De qué estás hablando?
SARA: ¡De la batidora, hombre!
TULIO: A mí me gusta más roja...
SARA: Pero el cheque es mío, así que elijo yo...

(A la vez que hablan, se levantan y se dirigen al cajero, entran allí y las luces van bajando poco a poco, mientras se siguen escuchando sus voces.)

TULIO: Yo llamé por teléfono...
SARA: Y lo hiciste muy mal.
TULIO: Pues compramos dos. Una azul para ti, y otra roja para mí.
SARA: Bueno, mañana veremos...
TULIO: Es lo justo...
SARA: Mañana...
TULIO: Buenas noches.
SARA: Que descanses.

(Oscuro total.)

FIN

 


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