Recortes



Quince peldaños
de Gracia Morales

Premio Marqués de Bradomín 2000
1er. Accésit IV Premio Romero Esteo

Tal vez, los manuales de historia, cuando traten de explicar este momento que vivimos, destaquen como una de sus características fundamentales el avance en las comunicaciones y el auge de los medios de información en los países "desarrollados". Las distancias se han ido acortando y se han ampliado hasta lo indecible las posibilidades de contactar con lugares remotos o de obtener noticias sobre cualquier tema. No obstante, dudo mucho de que realmente hayamos avanzado en la que es sin duda la comunicación más compleja: la que cada quien mantiene consigo mismo y con las personas más cercanas. Seguimos teniendo las mismas dificultades para entender nuestra intimidad y para hallar la forma correcta de expresarla. Nuestros temores, esperanzas, deseos, frustaciones…, todo ese ensamblaje de sentimientos que nos conforma siempre se queda adentro, en desvanes donde nadie nos visita nunca.

Esta idea es una de las bases de Quince peldaños. Sus tres personajes, ya sea por miedo, pudor o incapacidad, tienden a no desvelar nunca su verdad interior. Esto se evidencia, sobre todo, en la relación entre Julia y Andrés, la pareja protagonista, cuya cotidianeidad se sostiene sobre una serie de gestos ritualizados, que repiten de forma mecánica y sólo sirven para cubrir la distancia que los separa.

Este texto plantea también cuál es actualmente nuestra posición ante lo que sucede a nuestro alrededor o en otras partes del mundo. Nunca supo el hombre con tanta inmediatez cuáles son los conflictos que se viven en zonas, más o menos lejanas, pero nunca estuvo tampoco más manipulado ni indefenso, más desconcertado ni impotente, ante esa avalancha de información. ¿Qué actitud tomar frente a esas imágenes tristes, sangrientas, y ya tan familiares, que eligen para nosotros, todos los días, los poderes mediáticos? ¿Insensibilizarse, ser un mero espectador, lamentarse, tener una valoración crítica, actuar de algún modo…? El trío de seres que conforman esta historia mantienen respuestas diferentes a dichos interrogantes, pero ninguno consigue resolver sus contradicciones. Es por eso, que del encuentro de Julia y Andrés con Elías, y mientras esperan ser llamados para iniciar un viaje, los tres irán viendo cuestionadas sus certezas y modificando sus comportamientos.

Pero lo harán siempre desde y hacia su interior. Con Quince peldaños, he tenido que aprender, no sólo a otorgar una voz propia a estos tres personajes, sino sobre todo a permitirles su derecho a permanecer callados, a mentir o a ocultar sus pensamientos bajo palabras ambiguas. Por tanto, el público será el encargado de interpretar los gestos, las miradas, las oraciones interrumpidas, las frases que están queriendo decir otra cosa… También es así, cada día, en nuestra relación con los demás. Aunque los medios de comunicación sean hoy más rápidos y eficaces, existen laberintos y grietas interiores que siempre quedan en la sombra. Escuchar los silencios y darles sentido sea tal vez una forma de conocer mejor a los demás y de explicarnos mejor a nosotros mismos.

Gracia Morales, septiembre de 2001
gracia@remiendoteatro.com

Quince peldaños se estrenó del 3 de octubre en el Teatro Alhambra (Granada), bajo la dirección de Rafael Torán
y producido conjuntamente por el
Instituto de la Juventud

y el
Centro Andaluz de Teatro
.


Texto de Quince peldaños

 

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